El Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa del sistema nervioso más frecuente, después de la enfermedad de Alzheimer.
Desde el 11 de abril de 1997 se celebra el Día Mundial del Mal de Parkinson. Este día fue dado por la Organización Mundial de la Salud en conmemoración al nacimiento en 1755 del médico británico James Parkinson quien descubrió y realizó varios estudios sobre la enfermedad del sistema nervioso que describió como «parálisis agitante» y llamó Mal de Parkinson.
Luego de 205 años de su descripción original en 1817, la enfermedad de Parkinson transitó por dos pandemias mundiales, la gripe española y el SARS-CoV-2; aún así sin haber logrado la ciencia médica su curación. Pero mucho ha avanzado en este tiempo, el diagnóstico temprano y el tratamiento tanto de los estadios temprano o avanzados.
Con el reconocimiento temprano de la enfermedad se ha demostrado su importancia y el mismo se basa mayormente en el cuidadoso análisis de síntomas que no tienen que ver con motricidad o el temblor. Si bien el diagnóstico de la enfermedad continúa siendo puramente clínico, la combinación de estudios de imágenes moleculares y la genética han tenido un impacto marcado en el diagnóstico del pequeño número de casos que no pueden ser determinados clínicamente.
A las rápidas técnicas genéticas que permiten determinar el riesgo de enfermedad cierto y la posibilidad de diferentes subtipos pasibles de tratamientos enzimáticos tempranos, terapia génica o la implementación de neuroprotección en momentos cuando aún los síntomas de la enfermedad no han comenzado.
Su implementación en los últimos años ha impactado positivamente sobre la calidad de vida de los pacientes. La infusión subcutánea continua de drogas a través de pequeñas bombas portables que no requieren de procedimientos invasivos para su utilización o la implantación quirúrgica de electrodos intracerebrales de estimulación (DBS por su sigla en inglés) han mostrado un efecto muy beneficioso sobre la calidad de vida.
Algunas drogas ya utilizadas para las cuales se ha mejorado su disponibilidad y administración haciéndolas más eficientes para su uso por vía intranasal, sublingual o subcutánea, ya aprobadas en otros países podrán estar disponibles en nuestro país. Los eficientes estimuladores cerebrales prontamente podrán ser manejados a distancia haciéndolos más prácticos y disponibles para pacientes que viven lejos de los centros de referencia.

