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La reina desnuda

Por Bruno Bie:

Un viejo cuento de Hans Cristian Andersen relata la historia de un vanidoso rey al que dos charlatanes, aprovechándose de su debilidad, engañaron para estafarlo.

Con la promesa de confeccionarle un maravilloso traje real con los más caros y nobles materiales, lograron sacarle al rey una cuantiosa cantidad de recursos que, supuestamente, serían utilizados en este proyecto. Conseguidos los recursos, los supuestos sastres se encerraron durante días para darle forma al vestido.

Curioso, el rey mandó a dos sirvientes a averiguar cómo iba la confección. Al llegar, los estafadores le dijeron que el vestido estaba listo, y que era tan maravilloso, que sólo las personas que no eran estúpidas podían verlo. Hicieron pasar a los sirvientes, y ellos, para no pasar por tontos, dijeron que era maravilloso. Ese mismo relato le llevaron al monarca cuando éste les consultó por la prenda.

Satisfecho, el soberano decidió salir al día siguiente estrenar su traje en el desfile de la ciudadela. Cuando los charlatanes le llevaron el maniquí vacío al rey, y le explicaron la condición para verlo, éste se mostró maravillado por la “exquisita” prenda.

Al día siguiente, se “colocó” su traje y paseó frente a la multitud. Nadie dijo nada, nadie quiso quedar como estúpido frente al resto, y todos simularon ver un majestuoso traje inexistente. Hasta que un inocente niño de la calle exclamó “Pero si el Rey está desnudo” en voz alta. Comenzaron los murmullos, y la inocente declaración del niño levantó el velo de la real estupidez en la que todos habían caído. El Rey no se dio por aludido y siguió creyendo en su verdad. Cabalgó sin inmutarse hacia el castillo, ocultando su vergüenza. Los charlatanes habían desaparecido con una cuantiosa fortuna. Y al Rey le llevó años recuperar su imagen.

Este hermoso cuento, se puede aggiornar a muchas historias del presente. Incluso tal vez se pueda trazar un paralelismo con la realidad actual de Monte Cristo. No son pocas las voces que desde el inicio de esta gestión manifiestan cierta disconformidad con el poco dinamismo que se le imprime al día a día. Salvo en áreas puntuales, como salud, donde los logros son un poco más palpables.

No es necesario ser experto, basta con tocar el tema en cualquiera de los ámbitos sociales más comunes de la ciudad, o con revisar alguno de los medios colegas, donde las críticas rozan la falta de respeto para con la investidura de la máxima autoridad del poder ejecutivo. Actitud que desde este medio repudiamos. Porque como dice el dicho, lo cortés no quita lo valiente.

No obstante, y como en el cuento, pareciera ser que el séquito que rodea a la intendente peca por no mostrarse tonto frente a los llamados de atención de sus vecinos.

Tal vez falte ese niño que levante la voz y diga de una vez que la reina va desnuda, esperando, que, a diferencia del cuento, no se recluya en el castillo ocultando su vergüenza, y tome las riendas de la gestión. Que construya. Que camine. Que se acerque nuevamente a la gente que creyó en ella. Que limpie su corte de aduladores carentes de tacto que le impiden interpretar el humor social. Y se quede solo con aquellos alfiles que apuntalan su gestión desde el comienzo, que son contados con los dedos de una mano, y aún así sobran dedos. Aquellos que no es necesario decir sus nombres, porque lejos está en este medio catapultar nuevas estrellas. Pero que el ciudadano de a pie sabe a quién acudir cuando se necesita que algo funcione.

Tal vez haya proyectos más amplios y seductores en el horizonte de la mandataria municipal, que tengan más que ver con su partido, y con cargos alejados del municipio. Pero nunca deberá olvidarse de las raíces. Ni del pueblo que la votó.

Que la reina se cambie y vuelva al ruedo, no vaya a ser que su estrella se apague.

Redacción Boomerang

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