16 Abr 2026, Jue

El 18 de diciembre será un día inolvidable para los argentinos y argentinas, y para millones de otros países que estaban apoyando a la Selección Argentina. Se cumple un mes de Messi levantando la copa junto a sus compañeros y un Lionel Sacaloni que nos hizo emocionar a todos por su llanto de victoria.

El día que se paralizó todo, que lloramos, gritamos, nos abrazamos y festejamos con propios y desconocidos.

Argentina, apasionada por el fútbol sin ninguna explicación, levantó la copa por tercera vez, después de 36 años, de aquella vez que lo hizo “el Diego” y que ahora lo hizo Lio.

Fuimos felices y aún lo somos, con un nudo en la garganta cada vez que recordamos a Montiel hacer el gol que nos dio el campeonato, por el momento en que el “Dibu” hizo una tapada mundialista, cada vez que vemos a Messi desplomarse por lo que hizo su compañero, cuando vimos a Paredes buscándolo para abrazarlo y por detrás todos; cuando se repente el Kun bajó a toda velocidad desde la tribuna y cuando vimos quebrarse en lágrimas como a un niño a Scaloni.

La emoción eterna, el adiós a las angustias por las que sufrimos desde que perdimos el primer partido con Arabia Saudita, el empate con Países Bajos y la igualdad que nos “chantó” Francia en los últimos 10 minutos antes del alargue, antes de los penales, sufrimos.

El amor que nos despierta el Capitán, el que nos pidió “confianza” entre la decepción de un debut con derrota y la esperanza que le daba saber que estaba rodeado de un equipo que querían dar la vida por la Argentina y que quería acompañarlo. El que se enoja y en medio de una entrevista le habla a un holandés para decirle “qué mirá bobo, anda pa’ allá”… el que a diferencia de la final de Copa América que rompió en llanto, se arrodilló en la cancha con una sonrisa sabiendo que ya lo tiene todo.

Estamos a un mes de lo que nunca fue una hazaña ni un batacazo, habíamos empezado hace tiempo a sentir que esta vez la Copa del Mundo era para Argentina, porque vimos que Messi después de un renunciamiento retornó sediento de gloria, vimos a un Scaloni al que le pegaban por todos lados llevar con más certezas que con errores aplacar las críticas con constantes victorias; porque vimos a la Scaloneta detrás de un sueño que los arengaba con la simpleza de un Capitán tenaz.

Y sí, lo lograron “muchachos”, lo hicieron realidad y millones de argentinos y argentinas salimos a gritar desaforados “somos campeones”.

Feliz primer mes Campeones del Mundo. ¡Gracias!