En la era de las redes sociales, donde todo parece efímero y fugaz, correr detrás de los algoritmos es la norma.
Pero, con la creciente moda del negacionismo y la deshumanización, decidí tomarme unos días antes de escribir para tener una visión más amplia de este último 24 de marzo y su relación con el pueblo.
El pasado domingo, una sociedad entera salió a la calle y se plantó ante los negacionistas del genocidio, quienes, envalentonados por los votos de un ballotage, buscan legitimar discursos y borrar de un plumazo los consensos básicos de nuestra joven democracia.
Y uno de esos consensos es el compromiso con la defensa de la Memoria, la Verdad y la Justicia.
Han pasado 48 años desde la consolidación de la última dictadura militar en Argentina, el periodo más oscuro de nuestra historia. Parecería absurdo tener que seguir explicando que matar, secuestrar, violar y asesinar argentinos, con un plan perfectamente coordinado desde el estado, está mal. Pésimamente mal.
Pero acá estamos; con un presidente abiertamente negacionista, con una vice que organizaba visitas a los represores en la cárcel y una militancia que se codea con las prácticas de Videla.
¿Acaso a alguien le puede interesar una discusión tan, pero tan estéril, como la exactitud de la cifra de desaparecidos?
30.000 es una denuncia abierta, una cifra simbólica que refleja el horror que padeció nuestro país hace 48 años. ¿Pueden ser más de 30.000? Sí. ¿Pueden ser menos? También. No importa, a nadie le importa la nominalidad cuando hablamos de un Estado que tiraba personas al mar desde un avión, o que torturaba y asesinaba adolescentes que peleaban por un boleto estudiantil.
Hasta el día de hoy, hay militares que, basados en su pacto de silencio, siguen sin confesar dónde están los cuerpos de los desaparecidos. Ellos tienen que dar explicaciones, no nosotros.
Escuché al sobrino de un expresidente (el que voló una fábrica militar para esconder su corrupción), decir que le sorprendía ver pibes de 20-25 años marchando.
¿Qué le sorprenderá al diputado portador de apellido? Me pregunto.
Si somos los nietos de las ABUELAS que se plantaron frente a la dictadura exigiendo saber el paradero de sus desaparecidos. Somos hijos de las MADRES que recuperaron la democracia y salieron a apoyar Alfonsín en el levantamiento de Semana Santa. Somos la generación que creció viendo los juicios y el encarcelamiento de los genocidas.
Somos el resultado de una sociedad con memoria activa y supimos, entre todos, construír un país que es materia de estudio en derechos humanos, alrededor de todo el mundo.
El contrato social, firmado en 1983 con la recuperación de la democracia, está bien custodiado por todos nosotros, por todos los que creemos en la democracia y en la política cómo una herramienta para cambiar la vida de la gente.
Porque con la democracia se vota, se come, se cura y se educa.
El domingo la memoria se plantó y el pueblo también. Porque nunca más, significa NUNCA MÁS.

Fundador y director de boomerang_net
Soy community manager y diseñador gráfico. Me gusta sacar fotitos. A veces hablo de política, cuando me enojo.


